Sirve egresada de Comunicación en escuela adventista de Portugal

Como parte de las tareas como misionera, Carolina dirige un club para niños del colegio que tengan entre 13 y 14 años de edad, en el cual enseña principios básicos de la producción de materiales audiovisuales y se realizan proyectos que proveen un acercamiento a la comunicación.

Después de concluir la carrera de Comunicación en la UM a mediados del año 2013, Carolina Trisca decidió servir un tiempo en el extranjero “porque tenía muchísimas ganas de aprender más sobre el verdadero servicio”.

Así fue como el 1 de octubre del 2013 Carolina inició esta nueva etapa en su vida, como encargada del área de Comunicación en el Colegio Adventista de Oliveiro do Douro, en Vila Nova de Gaia, Portugal.

Ella cuenta que “al principio fue difícil por la idea épica de misionero que tenía, de tantas historias escuchadas, de esas personas que deciden dejarlo todo para vivir con dificultad y, por ejemplo, salvar vidas. Lejos de eso, mi trabajo es muy tranquilo. Estoy en una oficina, sirviendo en el área en la que me preparé, haciendo lo que sé hacer y lo que ya he hecho en otros trabajos. ¿Será menos importante un trabajo misionero que otro?”

Decoraciones navideñas del centro de la ciudad de Porto.

Luego reflexiona: “Yo puedo decir que descubrí por mí misma que el ser misionera no tiene que ver con lugares, con trabajos, con pasar dificultad o no. Ser misionero es ser un cristiano que ama, que busca a Dios y se esfuerza por ver cómo puede ayudar, qué extra puede dar dentro de sus actividades normales.”

Entre los desafíos que ha tenido que enfrentar está el darle difusión al colegio para que más alumnos lo conozcan y decidan estudiar en él a fin de que la institución siga funcionando.

Carolina reconoce que “al tener la certeza de que nuestra entrega es a cambio de ganancias mucho mejores, es una inversión que nos súper conviene. Muchas veces no es cómodo para uno mismo; yo extraño a mi familia y a mi novio y a los tacos, y me di cuenta que nunca se pone más fácil el sentirse lejos. Sin embargo, Dios no me ha dejado olvidar que me está preparando, incluso cuando le discuto las cosas, en el ámbito espiritual NUNCA me da incertidumbre, sino que me muestra que éste es mi camino, que no estoy perdida.”

Su mensaje a los estudiantes es el siguiente: “No hay mejor lugar para el crecimiento espiritual que salirse de nuestra área de comodidad y creo firmemente en que siempre termina siendo irónico cómo el hacer por otros te da TANTO individualmente que ya no se sabe quién ayuda a quién. Creo que no existe mejor ganancia que tener un sentido en la vida y dejar de temerle a las cosas que una persona que no cree en Dios le teme”.

Para ella, “un misionero es una persona que ama a Dios y a los demás. Por eso en lo que sea que trabaje o haga, va a ser de beneficio al mundo.”

Carta a Dios desde Portugal

Hola Jesús,

Embarcaciones portuguesas típicas del Rio Douro, que tradicionalmente transportaban los barriles de vino de Porto desde las viñas hasta la ciudad, donde el vino se almacenaba y comercializaba a otros países.

Hoy te escribo en vez de hablarte, porque muchas veces al hablar las palabras van más rápido que lo que quisiera y se desvían en senderos inútiles, quieren sonar bien, sonar sinceras, sonar como si merecieran algo.

Tengo tantas cosas que decirte y no sé cómo. Es hermoso pensar que al mirar este cielo celeste y estas nubes que van atravesando el cielo, en el instante donde logro percibir tu magnitud y mis ojos se llenan de lágrimas, vos ya leíste toda mi realidad.

Jesús, muchas veces me gustaría solo sentir tu abrazo. Sentarme a escucharte, sentarnos en una playa, en una montaña, en algún lugar de esos que sólo vos conocés con tu toque artista, palpar tu amor directamente de tus dedos, de tus palabras y no de las mil maneras que pusiste para que lo veamos y para aliviar la soledad en este mundo.

El camino de buscarte debería ser tan fácil, pero no sé qué hay mal en mí que a veces me cuesta tanto y no te siento cerca. Me consuela, Jesús, el saber que son solo sentimientos difíciles, y que en el fondo de la niebla, estoy pisando el piso de la razón, de saber, por ejemplo, que ningún sentimiento puede quitar tu interés en mí, en esta pequeñita fracción de universo que soy. Ni la vida, ni la muerte, ni lo alto, ni lo profundo, ni absolutamente nada me puede alejar de tu perfecto amor.

Me hace suspirar el saber que vos conocés mi corazón, que aunque me sienta tan impotente al querer darte lo mejor de mi vida y arruinar las cosas a cada rato, no amar a mi gente, todas esas cosas que vos no sos, a pesar de todo lo imperfecto, vos conocés mi corazón, y mi corazón siempre vuelve a vos, como hoy sentada en esta ventana, con un nudo en la garganta.

La verdad es que al pensar en las pruebas, en las dudas, me doy cuenta de que eso no es lo que más te importa a vos. Las pruebas solo cambian de nombre, de lugar, de color, pero siempre están. Las dificultades son nubes negras que van a lloverte a cada rato en la cabeza y en los momentos más inapropiados.

Tower Bridge, puente que cruza el río Támesis y se sitúa cerca de la Torre de Londres, la que le da su nombre.

Estar de misionera, darte este tiempo, esta dedicación, como un regalo envuelto por un niño… Jesús, no te fijes en cuán imperfecto está mi paquete, confío en que al mirar este regalo, puedas ver que quiero darte lo mejor, como la viuda y su ofrenda, tan poquito, tan insignificante, pero real. Quisiera tantas veces ser algo diferente, tener más de tu amor… la verdad no he comprendido nunca cómo es que transformás el interior de una persona, cómo es que van los pasos del cambio, cómo es que hacés que el egoísmo se apague y el amor nazca, pero una vez más te pido que me des la humildad para poder aprender, no necesito entender todo, solo necesito sentir que no te rendís conmigo.

Gracias Dios por la cantidad de bendiciones que me has dado. Gracias Jesús por las veces que al pedirte fuerza me mandaste de la nada y en momentos diferentes a dos niñas a abrazarme y darme los besos más ricos, yo no las conozco, pero no me fue difícil ver tu mirada en sus ojos. Gracias porque al sentirnos solas y orar para que algo hicieras, no te tomó ni una hora para mandarnos a nuevas amigas a hacernos invitaciones. Gracias porque no teniendo dinero hemos recibido un sin fin de cosas, invitaciones, comidas y viajes gratuitos. Gracias porque al estar preocupada por el dinero y sentir el peso de esforzarme mucho sin ganar aparentemente nada, llevaste mis manos a tu palabra y me leíste la historia de Pedro, cuando después de trabajar toda la noche y no pescar nada, le dijiste “tira la red”, y recogió tanto que hasta le dio para compartir. Gracias porque aprendí que todo lo que tengo es tuyo y por esa misma razón no puedo preocuparme. Vos das, vos quitás, porque vos nos amás.

Gracias porque al venir no tenía idea de cómo iba a trabajar en cosas que no tenía experiencia, y ahora las personas me sonríen, me dicen que hago un excelente trabajo y que no saben cómo van a poder estar sin mí… para mí esto es una locura: sea toda la gloria y el mérito para vos.

Gracias porque ahora puedo decir que sobreviví un incendio, la separación de mis más queridos por ocho meses, caminatas de horas por no poder pagar un bus, el invierno lluvioso de meses sin sol, una cultura diferente, levantarse a matutinas después de haber jurado que nunca sería interna, la inseguridad de no saberme suficiente para el trabajo, la pérdida de sentido de por qué vine, y mil cosas más. Gracias por darme las respuestas.

Pero especialmente te quiero dar gracias porque me di cuenta que este servicio misionero más que mi regalo para vos fue tu regalo para mí, porque conocés cada arteria mía, todas las cosas que me sacan de quicio, todas las cosas que me derriten de amor, todas mis debilidades y fortalezas, y sabías que este lugar, de las innumerables posibilidades y lugares en el mundo, era donde yo tenía que estar y me trajiste para hablarme exclusivamente a mí.

Gracias porque entendí que el trabajo misionero no se trata de “trabajo” sino de ser “misionero”. Gracias porque entendí que te interesa que amemos y todo lo misionero que necesitamos ser, sale por sí solo, en cualquier trabajo que hagamos y en cualquier lugar que nos toque estar. Y gracias porque ese amor fuente de vida, no puede surgir de otro lado que de una transfusión directa, de tu pecho al mío. De esta búsqueda constante, imperfecta, a veces dolorosa, a veces satisfactoria, pero siempre profunda de vos.

Hoy no puedo ver lo que sigue en mi vida sin ver lo que has hecho ya por mí. Entonces, en vez de pedirte que te quedes conmigo, que soluciones los problemas que se van acercando, voy a tener en este preciso momento la valentía de vestirme de la fe que me has enseñado, para saber que no es necesario temerle a nada, porque ya he visto lo suficiente sobre el Dios que sos en mi vida y puedo tener la certeza que ni lo alto, ni lo profundo, ni la muerte, ni la misma vida, me va a apartar de tu amor.

Te ama,

Tu Carolina.

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